domingo, 15 de enero de 2017

Mundo Bolo | "¿Y yo cuándo barro?"

Ésta es una historia antigua, pero reveladora. Pongámonos en situación: parada del autobús del bolo, grupo de gente esperando, músicos con sus instrumentos o con sus bolsas de cabos (medias, zapatos, maquillaje, entre otras cosas necesarias para ser un buen corista). 'Casi' todos se conocen y es importante subrayar ese 'casi', porque aunque el 'mundo bolo' es una familia relativamente pequeña, entre coro, solistas, orquesta y ballet no es difícil que aparezcan de vez en cuando nuevas incorporaciones que llegan para quedarse o que después de la traumática experiencia deciden no volver y de las que nadie se pregunta si pertenecen o no a la compañía, si los del coro no los reconocen piensan que serán de la orquesta y viceversa. El tiempo transcurrido ha borrado ya la ciudad de destino y la compañía, pero no la función: se representaba 'Los gavilanes'.

Al llegar al teatro, una de esas 'nuevas incorporaciones' siguió a todas las chicas al camerino. "¿Vienes de refuerzo?". "Pues corre, vete a la sastra que te dé ropa". La desconocida no traía nada para peinarse ni maquillarse, pero para eso está la solidaridad del camerino, rápidamente entre todas la ayudaron a hacerse el moño y a maquillarse y la acompañaron al escenario. El director de escena, que también asumió inmediatamente que la moza era una adquisición reciente de la empresa - ventajas de vivir sin ensayos- le puso una escoba en las manos y le dijo: "tú vas a estar en esa esquina haciendo que barres".

Empezó la función con todo discurriendo con normalidad hasta que llegó el momento del discurso de Clariván, el alcalde, ante todos los personajes y el coro reconvertido en pueblo, reunidos en escena. La moza de la escoba, a la que le debía de parecer que ya se había hablado y cantado demasiado, dio un paso al frente y preguntó con voz estentórea: "¿y yo cuando barro?  El solista, estupefacto, le contestó: "ahora no, bonita" e intentó reanudar el discurso. "¿Pero yo cuándo barro?", insistió la barrendera. "Luego, luego", cortó el alcalde intentando no perder el hilo. "A mí me han llamado aquí para barrer y tengo que barrer", dijo la presunta corista alzando la voz, cada vez más indignada.

Con una seña discreta, el alcalde indicó a dos del coro que se llevaran a la persistente moza del escenario, algo que hicieron entre grandes aplausos del público que pensó sin duda que la interrupción formaba parte de una función que a partir de ese momento siguió sin alteraciones. Un somero interrogatorio entre cajas convenció a todos de que la muchacha no regía demasiado bien, algo que entre los componentes del mundo bolo no es del todo infrecuente pero que en este caso superaba los límites de lo admisible, y de que no pertenecía a la compañía.

Una llamada a la policía y las consiguientes investigaciones descubrieron que se había denunciado su desaparición de una clínica mental cercana a la parada donde todos habían subido al autobús. Tras una breve retención, una ambulacia la recogió y se la llevó de vuelta a su 'hogar', sin daños aparentes de su aventura.


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