domingo, 18 de septiembre de 2016

Mundo Bolo | Lo que hay que hacer para ganarse la vida o "Pero madre, ¿dónde me he metido?"

Descanso en una función de 'Gigantes y cabezudos' en Alcalá
Una tarde, hace ya tiempo, en plena temporada de zarzuela en el Teatro de Madrid (cuando aún existían esas cosas), una amiga me fichó en el camerino para ir a Alcorcón al acabar la función a hacer una antología en la que supuestamente íbamos a cantar 'Románticos', 'Sombrillas' y un par de números de 'Gran Vía'. Como la cosa no tenía complicación y la economía siempre agradece ingresos extras, a las 10 de la noche nos fuimos para allá, con tranquilidad porque, como me fui enterando por el camino, primero se representaba una 'Dolorosa' en la que el coro sólo canta un interno en la segunda parte.

Al llegar, primera sorpresa: el vestuario que habían llevado para las chicas consistía en mantones de Manila y vestidos de fiesta de los que se usan normalmente en 'Traviata' de la talla 38. Entre las presentes sólo una bajaba de la talla 44. Solución: todas con los vestidos abiertos (imposible aproximar los extremos de aquellas cremalleras, ya no digo cerrarlas) y con los mantones sujetos con imperdibles a las hombreras para cubrir las espaldas desnudas. Extravagante y atemporal, sí, pero totalmente efectivo.

No se podía ensayar (en el escenario estaban con la zarzuela previa) pero hubiese sido inútil porque no cantamos ni una sola de las piezas que nos habían anunciado previamente. Cuando empezó la segunda parte del concierto y salimos al escenario con nuestros bonitos trajes de baile palaciego dispuestas a cantar 'Románticos', una voz susurró entre cajas: “Canto a Murcia, Canto a Murcia” y, efectivamente, la orquesta empezó a tocar los acordes de 'La parranda'. Supongo que el público pensaría al vernos a todas en fila con los brazos en jarras vestidas de 'Traviata' (toda corista de pro aprende en cuanto canta su primer bolo a colocarse en jarras mirando sonriente al frente cante lo que cante y a terminar cualquier pieza levantando el brazo - derecho o izquierdo según el lado del escenario en el que se encuentre - ligeramente en flexo): "¡mira que elegantes van las huertanas murcianas hoy en día!". Eso sí, que el que las jaleaba fuese vestido de fraile (más que nada porque acababa de cantar 'La dolorosa' y no le habían llevado otro traje) ya les debió chocar un poco más, porque aunque el gremio tenga fama de saltarse el voto de castidad con cierta soltura, hacerlo a voz en grito en el escenario de unas fiestas patronales y ante un público de todas las edades, no deja de ser un tanto llamativo.

A partir de ese momento fuimos cantando cualquier cosa, entrando y saliendo del escenario, poniéndonos en jarras o levantando brazos si el agudo lo pedía a golpe de susurros lanzados entre cajas o de acordes de orquesta, eso sí, siempre vestidas de 'Traviata' (los chicos de esmoquin) independientemente de que fuésemos rústicas campesinas, chulapas madrileñas o baturras aragonesas y recibiendo con expectación a los solistas y sus insólitos atuendos. La más espectacular sin duda fue la soprano encargada de cantar 'Los nardos' que se fue al camerino a ponerse un traje de noche im presionante (en dos palabras) y que escuchó a la orquesta empezar a tocar su pieza cuando venía subiendo las escaleras hacia el escenario. Mientras nosotros la animábamos desde las cajas, empezó a cantar en los últimos peldaños y entró triunfante (y jadeante) en escena, cantando y tropezando.

Cuando por fin terminó el extraño 'show', con todos saludando en el escenario entre las ovaciones de un público que todavía no acababa de explicarse lo que acababa de presenciar, el emocionado tenor-empresario decidió ofrecer un bis interpretado por él mismo: el 'Canto a la espada' del 'Huesped'. Así que, uno de los solistas, ya en vaqueros y camiseta, salió con un fajo de partituras y empezó a repartírselas a los miembros de la orquesta tirándoselas al foso desde arriba (ante la mirada atónita de cantantes y público) mientras ennumeraba: violines, violas, "chelos para vosotros no hay, mirad por las de los violas".

Yo le había dicho a la soprano que estaba a mi lado: “bueno, en 'la espada' el coro no canta, hemos acabado…”. Pero en el mismo momento en que la orquesta atacaba la pieza, el tenor-empresario se dio la vuelta y nos dijo: “chicos, ayudadme, cantad todos”. Así que, para cerrar la absurda noche, todos cantamos a coro “fiel espada triunfadora…” para entusiasmo de un público que había pensado que iba a los toros y se encontró viendo a los “bomberos toreros”.



Con el título de 'Mundo bolo', esta sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tiene periodicidad semanal y en ella tienen cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

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