domingo, 19 de octubre de 2014

Ana Zamora | directora de escena
"Esto no es la ópera 'Carmen' y cualquiera que venga buscándola se va a ir decepcionado"

El Teatro de la Zarzuela de Madrid ha recuperado para el inicio de la temporada 2014-2015 una versión ‘azarzuelada’ de la ópera 'Carmen' estrenada en 1887 que ha resultado polémica, y no sólo por la conveniencia o no de la representación en una forzada versión en castellano de una obra cuya música se compuso para otra lengua. La mayoría de las críticas se han centrado en la puesta en escena con una virulencia que ha sorprendido a la propia directora del montaje, Ana Zamora (1975), una reputada directora de teatro clásico que debutaba en el campo de la lírica: “Paradójicamente la crítica musical se ha centrado en un 95% en la dirección de escena y en el vestuario, en la mayoría de los casos sin partir de ningún análisis dramático, constituyendo puros juicios de valor y apenas han hablado de la parte vocal e instrumental. Y la mayoría de estos críticos reducen su opinión sobre el tema a la frase: “los vestidos son feos”. No parece serio”.


Zamora, cuya fascinación por el teatro atribuye al hecho de haber crecido en una ciudad como Segovia de gran tradición cultural, se formó como dramaturga y directora en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD). Ha realizado montajes para el Centro Dramático Nacional y para la Compañía Nacional de Teatro Clásico entre otros. En 2001, fundó Nao d´amores, un colectivo de profesionales procedentes del teatro, los títeres y la música antigua, que desarrolla una labor de investigación, formación y creación sobre el teatro prebarroco español.

Asumida la dificultad de trabajar con un verso decimonónico lleno de ripios e incómodo para los cantantes por su difícil encaje en la música de Bizet, la directora plantea un enfoque centrado en una perspectiva de género que intenta mostrar “la búsqueda de la libertad femenina desde el nacimiento del mito con Merimé hasta la contemporaneidad”.

Pregunta. ¿De qué manera llegó al teatro?
Respuesta. Está totalmente relacionado con el hecho de ser de Segovia, de haber crecido en una ciudad con una gran tradición cultural, con una importante actividad teatral, con buenos festivales. En concreto, en Segovia se celebra Titirimundi, uno de los festivales de teatro de títeres más importantes de Europa. Por otra parte, mi familia tenía una gran relación con el mundo intelectual.

P. ¿Cómo empezó?
R. En el Taller Municipal de Teatro del Ayuntamiento de Segovia. Al terminar el instituto decidí estudiar historia en la Universidad Complutense y continuar haciendo teatro en mi tiempo libre, hasta que llegó un momento en el que el teatro pasó a ocupar el primer plano y la historia a ser lo que hacía en mi tiempo libre. El teatro me permite aunar intereses diversos: la historia, la literatura o la música, entre otros.

P. ¿Qué tal resultó su período de formación en la RESAD?
R. Bueno. Guardo excelentes recuerdos de esa época. Éramos un grupo muy pequeño, de hecho de mi promoción acabamos tres, con lo cual pudimos aprovechar las clases al máximo. Era una formación casi europea. Me sentí en todo momento una privilegiada. Yo llegué a la RESAD totalmente deslumbrada por el hecho teatral buscando una orientación para afrontarlo, intentando adquirir armas para trabajar y creo que eso es precisamente lo que da la escuela.

P. ¿Tiene conocimientos musicales?
R. Empecé en el conservatorio pero lo dejé muy pronto. Pero he trabajado siempre rodeada de músicos y mano a mano con la directora musical de Nao d´amores. En todos mis espectáculos, excepto en algún encargo puntual, ha estado siempre presente la música.

P. ¿Qué es Nao d´amores?
R. Un equipo artístico estable compuesto de gente que proviene de la música antigua, del teatro y de los títeres que desde 2001 llevan a cabo una labor de investigación, formación y creación sobre el repertorio más antiguo del teatro clásico español, concretamente del prebarroco, del renacimiento y del medioevo. Una vez asentado ese repertorio nos hemos permitido saltos a otro tipo de proyectos. En estos momentos tenemos un convenio con el Ayuntamiento de Segovia de donde somos compañía residente.
Foto: Nao d´amores
P. ¿Cómo surge la oportunidad de dirigir esta Carmen?
R. Por una invitación del director del Teatro de la Zarzuela, el señor Pinamonti, que eligió esta versión. Él fue el que decidió llamar a Yi-Chen Lin, una mujer jovencísima pero con una formación extraordinaria para la parte musical. En la dirección escénica quería a alguien con una visión muy teatral y pensó en mí por mi experiencia en trabajar sobre arquetipos. Pensó que yo podía aportar una perspectiva diferente sin ser transgresora, porque esa no es mi línea. Me llamó. Me lo pensé mucho y finalmente dije que sí.

P. Usted ha trabajado mucho con verso, ¿hay muchas similitudes cuando se trabaja con una obra lírica?
R. El texto de esta Carmen está en verso y en ese aspecto desde luego sí que las hay. Verso y música van unidos a patrones rítmicos. Es un verso decimonónico, lleno de ripios. Ha sido un trabajo un tanto pintoresco, pero sin pretender hacer arqueología lo hemos respetado al máximo.

P. ¿Cómo se trabaja con un texto que no encaja como en este caso?
R. Es bastante complicado, porque tenemos la música de Bizet con un texto ‘acastizado’, que combina el drama con el espíritu juguetón tan propio de la ‘tragicomedia’ española. Para los cantantes ha sido infernal, sobre todo porque todos ellos habían cantado la versión francesa miles de veces y han tenido que memorizar y ajustar muchísimo texto que no siempre era cómodo vocalmente. Pero se trataba de rescatar esta versión, si no, directamente se hubiese encargado una traducción nueva, y no hubiera tenido sentido montarlo en el Teatro de la Zarzuela.
Fotos de Carmen cortesía del Teatro de la Zarzuela
P. ¿Cómo está reaccionando el público?
R. Esto no es la ópera Carmen y cualquiera que venga a verla se va a ir decepcionado. A la gente que no tiene el original francés metido en la cabeza no le ha chirriado.

P. ¿Qué es necesario para hacer una buena puesta en escena?
R. Depende de lo que se considere una buena puesta en escena. Primero, realizar un estudio sobre el material de partida: ¿qué es la pieza? ¿Para qué se escribe en su momento? ¿Qué conexión tiene con nuestro tiempo, con la contemporaneidad? Y luego hacer una propuesta en la que todos los elementos estén al servicio de la historia que vas a contar. A veces se acierta y a veces no. A veces el público conecta con lo que presentas y a veces no. Como directora eliges un sistema de signos y privilegias una determinada visión. Ilustrar la obra no es teatro, en el caso concreto de Carmen sería puro costumbrismo, y para eso no hace falta contratar un director de escena.

P. ¿Los cantantes son tan malos actores como dice la leyenda negra?
R. Los cantantes son cantantes. Son procesos muy distintos y se valoran con parámetros diferentes. Son ámbitos diferentes. Ésta ha sido mi primera experiencia dirigiendo una obra lírica y me he encontrado con gente muy dispuesta a aceptar mis propuestas.

P. La crítica se ha cebado especialmente con el vestuario de la obra, especialmente con el de la protagonista y el de Micaela, ¿ha tenido algún peso su opinión en su elección?
R. Toda la del mundo. Ha sido un trabajo mano a mano con la diseñadora. Cada elemento de significación presente en la puesta en escena forma parte de una maquinaria ajustadísima, de un sistema de signos que sustenta la narrativa del espectáculo. El vestuario estaba dentro de una realización conceptual absolutamente cerrada. La búsqueda de la libertad femenina desde el nacimiento del mito con Merimé hasta la contemporaneidad. Lo que yo buscaba era que mostrara la transformación del personaje a través de determinadas épocas de la historia de España.

P. Parece que los críticos no han sabido verlo.
R. Paradójicamente la crítica musical se ha centrado en un 95% en la dirección de escena y en el vestuario, en la mayoría de los casos sin partir de ningún análisis dramático, constituyendo puros juicios de valor y sin apenas referirse a la parte vocal e instrumental. Y la mayoría de estos críticos reducen su opinión sobre el tema a la frase: “los vestidos son feos”. No parece serio.


P. ¿Carmen, mujer libre o desaprensiva?
R. He querido ir con los ojos limpios a revisar el mito. La Carmen de Merimé es puta, es ladrona y es asesina pero el libreto de la ópera le quita todos esos aderezos y ya no es puta, ni ladrona, ni asesina. ¿Qué queda entonces? La visión patriarcal, la confusión del amor como control, como posesión. Creo que hoy en día no se puede abordar este personaje sin perspectiva de género y yo elijo poner en primer plano eso y no otra cosa. Sin perder la panorámica de lo que está pasando. Sin romper la estructura de la obra. Y sin olvidar que estamos en una zarzuela.

P. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
R. Retomar mi Nao d´amores, que llevo dos meses lejos de ellos, empezar una gira con nuestra coproducción con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, otra con nuestro espectáculo “Penal de Ocaña”, y abordar una nueva producción de cara al año 2015.

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