domingo, 18 de diciembre de 2016

Mundo Bolo | "Vamos poniéndonos la capa, poquito a poco"


Por la soprano Amanda Serna

Por fin me pongo un ratito a recordar en serio mi pequeña aportación al Mundo Bolo, que también he pasado por ahí alguna que otra vez y hay que decir que siempre se aprende algo. Fue una época en que me vi envuelta en mucho bolo de 'fin de semana', vamos, de esos en los que casi no hay ni ensayo, en los que todo el mundo llega con su papel montado y todos tiran “palante” como si se conocieran de toda la vida. ¡El mundo bolo es así!

Amanda Serna (cortesía de la soprano)
La anécdota en cuestión ocurrió en una función de 'El Barberillo de Lavapiés', obra muy apreciada y querida del público que, con la excusa de los amores del barberillo y la costurera, oculta en segundo término un embrollo político de mucha enjundia, con espías embozados, conjurados encapados, los guardias valonas (¿einn? ¿eso qué es? Jijiji) y toda la pesca, sobre cuyo argumento sinceramente, siempre me he preguntado si el público se acaba enterando de qué va la cosa o bien lo asumen sin más, para poder deleitarse con la maravillosa música que acompaña al texto.

Vamos pues a esa escena que muchos conoceréis: los conjurados están ocultos en casa de la Marquesita (que en este caso era yo) y llegan los soldados para apresarlos. Cuando los militares consiguen entrar, los otros se han escapado por un 'butrón' a la casa de al lado, al tiempo que unos y otros van cantando eso de “vamos entrando poquito a poco…” y “vamos saliendo poquito a poco…”.

Total, a lo que vamos, imaginad el grupo de soldados entrando en una 'casa' a la izquierda del público, y yo, que como digo no había hecho ensayos con ellos ni sabía nada de lo que tenían que hacer en escena, veo de pronto que se echan a correr por detrás del escenario, que alguien les va echando una capa por encima y que así embozados vuelven a salir por la puerta de la derecha del público así, de tapadillo, siendo ahora ellos mismos los conjurados. Cantando por supuesto todas las frases musicales, las de uno y otro bando.

Sí, eso es, lo habéis pillado, había poco coro masculino (todo era de bajo presupuesto) y el mismo grupo hacía el papel de soldados y de rebeldes. Yo me moría de risa pensando que si alguien entre el público era un poquito observador no entendería nada de lo que estaba pasando, porque las capas apenas les tapaban los uniformes a los pobres pluriempleados.

Ya no sé si es imaginación o delirio mío, pero hasta me parece recordar que después de salir por la segunda puerta, los esforzados coristas aún corrían otra vez para volver a pasar por la primera, y volver a salir una y otra vez por la segunda en un bucle infinito o hasta que la música quisiera.

En fin ahí lo dejo, que nadie me pregunte dónde ni cuándo fue porque ni me acuerdo, ya casi ni le pongo las caras al reparto que me acompañaba. Puede que alguno de los que lea esto también estuviera por allí… ¡todo es posible en el mundo bolo!


Con el título de 'Mundo bolo', esta sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tiene periodicidad semanal y en ella tienen cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

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