domingo, 9 de noviembre de 2014

Javier Camarena | tenor: “Yo soy mi crítico más severo”

Fotos cortesía de Javier Camarena

Poco después de realizar esta entrevista, el tenor mexicano Javier Camarena (Xalapa. México, 1976) ha vuelto a hacer historia. Tras haber sido el tercer cantante en ofrecer un bis en el Metropolitan de Nueva York en 70 años, se convierte en el segundo en hacerlo en el Teatro Real de Madrid desde su reapertura en 1997, repitiendo el aria ‘Ah! mes amis’, de 'La hija del regimiento', ópera que se encuentra interpretando en el coliseo madrileño.

Camarena es un hombre afable, risueño, de risa perenne, con las ideas tan claras que fue capaz de decir 'no' al Covent Garden en los inicios de su carrera, al no encontrarse preparado para el papel que le ofrecían. Se confiesa un hombre apegado a la realidad que va fijándose objetivos según va avanzando técnicamente y ya tiene planificados los papeles que va a estudiar en los próximos seis o siete años.

Llegado al canto por casualidad, mientras estudiaba Ingeniería, se ha convertido en uno de los fenómenos del momento. Y a pesar del éxito abrumador y de los continuos halagos que recibe, mantiene los pies en la tierra. "Éste es mi trabajo y yo no soy lo que hago". Reconoce ser su crítico más severo, por lo que suele reparar en sus errores sobre el escenario antes de que nadie se los señale.

Sostiene ser tan feliz actuando como viendo películas en el sofá con sus dos hijos, a los que espera enseñar a cantar como parte de su formación aunque su vocación sea otra. Agradece a los avances tecnológicos la posibilidad de mantener el contacto con sus seres queridos en las largas temporadas que pasa lejos de casa y, puesto que la soledad de la carrera del cantante está "dentro del paquete" de la profesión, se felicita de poder aprovecharla para estudiar sin distracciones.

Pregunta. ¿Cómo llega alguien de un lugar como Xalapa sin tradición operística a estudiar la carrera de canto?
Respuesta. En México hay una enorme tradición de cantantes de gran talento. Aunque yo empecé a estudiar canto por casualidad. En realidad quería estudiar piano o guitarra pero cuando lo intenté ya era viejo, tenía 19 años. El canto era mi única forma de acceder a la música con esa edad. Y me encontré con una maestra que me motivaba mucho. A base de dedicación, disciplina y muchos años de trabajo, descubrí mi voz y mi forma de cantar.

P. Pero usted quiso ser cura.
R. Jajaja. Eso fue parte del fervor de la juventud. Estaba muy involucrado con los coros de la iglesia. Fui catequista e incluso hice algún retiro vocacional, que sirven para eso, para descubrir si estás hecho para dedicarte a la vida sacerdotal. Pero no fue el caso, la idea de tener una familia me llamaba más.

P. ¿Cuándo se dio cuenta de que ésta era su profesión de que iba a ser su modo de vida?
R. Después de haber empezado a estudiar. No tenía ni idea de lo que era el canto, ni de lo que era la ópera. No lo descubrí hasta el tercer año y no fue con una ópera en directo. Me enamoré del género viendo un dvd de una Turandot en el Met con Plácido Domingo y Eva Marton. Y en mi sexto año, después de un concurso en el que ni siquiera pasé la primera eliminatoria, fue cuando tuve claro que quería ser solista.

P. Un hombre de ideas claras.
R. Siempre he sido una persona muy apegada a la realidad. No me gusta soñar con cosas que están fuera de mis posibilidades. Conforme voy avanzando técnicamente, me voy fijando nuevos objetivos, pero siempre intentando mantener los pies pegados a la tierra.

P. Su padre, técnico en una central nuclear. Su madre, maestra de cocina. ¿Qué opinaron de que se dedicara a la música?
R. No estuvieron contentos. Sobre todo porque estaba dejando la carrera de Ingeniería después de dos años de estudios. Y porque me fui solo a dar de baja sin decirles nada. Yo ya había avisado de que no me gustaba la carrera, pero ellos, como todos los padres, esperaban que, de todas formas, la acabase. Pero yo no estaba dispuesto a seguir perdiendo un tiempo que necesitaba para la música.

P. El tercer cantante en 70 años en ofrecer un bis en medio de una función en el Met ante unas 4.000 personas, después de Pavarotti y Flórez. ¿Qué sensación produce?
R. Una satisfacción muy grande. Realmente en el momento no fui consciente de la magnitud del hecho, porque no sabía que sólo el maestro Pavarotti y Juan Diego Flórez lo habían hecho. Lo que realmente me impresionó fue la reacción del público, porque fue contundente, atronadora y superexplosiva. No parecía un teatro, parecía un estadio y fue muy emocionante. Cuando después me enteré de las circunstancias, sentí una gran responsabilidad porque algo así genera una gran expectativa y hay que estar siempre a la altura.

P. ¿Qué aportan a la ópera los tenores latinoamericanos, tan de moda últimamente?
R. Jajaja, no sé si estamos de moda y en cualquier caso no creo que sea un fenómeno reciente. Siempre ha habido una tradición importante de tenores latinoamericanos, desde Araiza, Palacio, Raúl Giménez o Villazón. Hay una lista larga. Creo que aportamos calor latino, pasión. Son voces muy francas, cálidas. Debe ser el solecito de nuestra tierra.

P. ¿Ayuda la música popular mexicana a la colocación de la voz para la ópera?
R. Por supuesto que sí. A lo largo de la historia ha sido escrita frecuentemente para cantantes con formación vocal. Agustín Lara escribía para Pedro Vargas, que era un buen tenor. María Grever componía para Hugo Avendaño. Caruso y Kraus han cantado sus canciones. Del Moral escribía para Negrete. Hay mucha tradición de canto en México y es parte de nuestra cultura. El último grande del mariachi es Vicente Fernández.

P. ¿Por qué no están triunfando las cantantes femeninas mexicanas al mismo nivel que los tenores?  
R. Es verdad que la voz del tenor es más valorada. Por otra parte, hay muchísimas sopranos y es un mercado más competitivo y complicado, pero por supuesto que también hay grandes cantantes mexicanas que están triunfando en los más importantes teatros de ópera del mundo. En estos momentos, que me vengan a la mente, puedo citar a Rebeca Olvera, María Katzarava o la mezzosoprano Cassandra Zoé, pero hay muchas más que están abriendo brecha para las que vienen detrás.

P. ¿Qué similitudes y qué diferencias hay entre usted y Juan Diego Flórez?
R. Similitudes, el repertorio, que es el de un lírico ligero belcantista: Rossini, Bellini o Donizetti. Diferencias, todo lo demás. Si partimos de la base de que cada ser humano es diferente, único e irrepetible, como es lógico, cada cantante también. Cada uno plasma en su canto su forma de ser y ambos somos personalmente muy distintos. Yo lo respeto y lo admiro muchísimo. Él cogió el relevo de una serie de cantantes como Araiza, Blake o Merrit y le dio nuevas alas al repertorio belcantista. Yo tengo una manera de cantar quizás más apasionada, más vinculada a la parte humana del papel que interpreto. Me gusta entregarme y vivir mis personajes, dejarles ser a través de mí.

P. ¿Cómo es su relación con su maestro Francisco Araiza?
R. No tan frecuente como yo quisiera, pero muy cordial y cercana. Confío plenamente en su experiencia. Al principio trabajamos muchísimo cuestiones de estilo e interpretación. Hoy en día básicamente me asesora en cuanto a elección de repertorio y de futuro. Siempre cuento con su consejo.

P. ¿Quiénes son sus cantantes de referencia?
R. En orden de gusto, el primero y favorito sobre cualquiera es Wunderlich. En cuanto a selección de repertorio e inteligencia para llevar su carrera, Kraus. Y en cuanto a la faceta interpretativa y de comunicación con el público, y por sus facetas rossiniana y mozartiana en las que creo que ha sido el gran referente, Araiza.

P. Su repertorio comprende básicamente Mozart y belcanto, pero está preparando Rigoletto para debutarlo en el Liceo. ¿Es el primer paso para un salto a un repertorio más lírico?
R. No, el primer paso es, en un mes, María Estuarda y después vienen Lucía y Favorita. Voy por pasos. Primero papeles líricos belcantistas, un repertorio en el que voy a estar más pleno. Después Rigoletto, TraviataRomeo. Mozart también me gusta mucho. También seguiré trabajando los roles lírico ligeros.

P. Su voz parece también apropiada para el repertorio francés. ¿Tiene previsto algún título además de Pescadores de perlas, que ya ha hecho y que va a hacer en febrero en A Coruña?
R. A Coruña ya no se hace. No hubo confirmación alguna. En cuanto a repertorio francés, Romeo, Lakmé y estoy pensando en Werther que se me antoja muchísimo pero que no será hasta dentro de seis o siete años y Des Grieux también en unos seis años.

P. ¿Se plantea una carrera centrada en torno a unos cuantos títulos como Kraus?
R. Si yo me dedicara a hacer solamente Barbero de Sevilla, aunque es una obra comprometida, no le daría a mi voz la oportunidad de desarrollarse en su parte lírica. Si sólo cantase Rapto del serrallo, me negaría la oportunidad de enfrentar los fraseos maravillosos que tiene Bellini. Una cosa va complementando a la otra y todas ellas contribuyen al trabajo y a la madurez de la voz. Así mismo, me encanta cantar boleros y música mexicana, y zarzuela, aunque tengo pocas oportunidades de hacerlo. Creo que mientras la voz esté cómoda, la variedad es saludable.

P. ¿Han adquirido demasiado poder en la ópera los directores de escena?
R. No lo sé. He tenido la suerte de trabajar con directores muy buenos, aunque es verdad que me ha tocado ver algún montaje muy extraño. La parte visual es muy importante pero lo fundamental siempre va a ser la música. Supongo que lo que debe prevalecer es la idea de que la ópera es un trabajo de equipo y de que debe existir una total compenetración entre director de escena y director musical y entre estos y los cantantes.

P. Le llaman el tenor de las óperas imposibles. ¿Cuánto hay de naturaleza y cuánto de formación en ese virtuosismo en la coloratura?
R. Este apodo surgió a raíz de mi debut en el Metropolitan con el aria Cessa di piu resistere del Barbero de Sevilla de Rossini, de extremo virtuosismo, muy demandante. Están las facultades, pero es necesario trabajar. Esa aria en concreto, que supone siete minutos de música, me llevó tres meses de mucho trabajo y mucha paciencia ponerla en voz.

P. ¿Cómo se mantiene la cordura cuando uno está rodeado de gente diciéndote que eres extraordinario?
R. Lo más importante es tener la conciencia de que éste es mi trabajo y que yo no soy lo que hago. Es muy gratificante que a la gente le guste lo que haces y yo soy feliz en el escenario, pero también lo soy viendo películas en casa con mis hijos. Para mí es fundamental saber que hay personas que me quieren y que están conmigo independientemente de mi canto, y que, si un día, está en la voluntad de Dios que no siga cantando, mi vida va a seguir adelante. Lo fundamental es seguir siendo un buen ser humano.

P. ¿Es cierto que jamás ha realizado una audición para un papel?
R. Para un papel en concreto no, pero sí he hecho audiciones. La primera, para la orquesta de Guajuanato y no me dieron nada. La segunda en Suiza, para mi agente. La tercera para el Met. Ah, sí, hice una vez una para Lindoro en la Casa de Ópera de Zurich. Y después de debutar en el Met audicioné para sus directores artísticos y esa fue la última que hice. Mi debut en la ópera de Zurich coincidió con una convención de directores de teatros de ópera europeos, o sea que fue como una macro audición. El primero que llegó a mi camerino fue Holländer que me preguntó: "¿qué más tienes en repertorio?"

P. ¿Concede alguna transcendencia a las críticas que recibe?
R. Sí, pero siempre buscando el lado positivo. No puedo dejar que una crítica mala me afecte. Además soy muy consciente de lo que hago en el escenario y soy mi crítico más severo. Antes de que ningún crítico lo señale, yo ya sé lo que he hecho mal y qué debo corregir para próximas funciones.

P. Usted dijo que no al Covent y no han vuelto a llamarle. ¿Es difícil decir que no a un gran teatro cuando se está empezando?
R. Depende de lo que ambiciones. Si tu ambición es demasiado grande, te arriesgas a perder más. Cuando me llamaron del Covent Garden me pedían que hiciese Robert le diable. Yo fui consciente de que no estaba preparado para hacerlo. Si hoy me la volviesen a ofrecer volvería a decir que no. A lo mejor dentro de cuatro años podría aceptar. En cuanto a una nueva llamada del teatro, algún día llegará. No es un tema que me quite el sueño. Estoy muy contento de cómo se está organizando mi agenda.

P. ¿Cómo se lleva la soledad de la carrera?
R. Lo bueno de vivir en esta época con tantos avances tecnológicos es que siempre estás a un clic de la gente que quieres. En cuanto a la soledad, estoy acostumbrado, es parte del paquete. Supongo que, en esta época en la que tengo tanto que estudiar, tantos papeles nuevos que memorizar, hasta agradezco no tener distracciones.

P. ¿Sus hijos prefieren la guitarra de su madre o la ópera de su padre?
R. Prefieren las películas de Disney. Diana, la niña, tiene 10 años y empezará el año que viene a estudiar canto conmigo. Aunque no se dediquen al canto, los dos tendrán que saber cantar o tocar la guitarra como parte de su formación. A ella le gusta la pintura y por supuesto qie serán lo que ellos decidan, pero de que van a cantar, van a cantar, jajaja.

P. ¿Qué registros discográficos tiene previstos?
R. De los que puedo platicar, ya está listo Recitales, que recoge tres conciertos en vivo que di en México. He grabado también Serenata, exclusivamente de música mexicana, con piezas de Agustín Lara, Consuelito Velázquez, Álvaro Carrillo, Roberto Cantoral o Armando Manzanero, que me acompañó al piano dos canciones de su autoría, un bello detalle de parte del maestro. Y está cocinándose un disco de arias de óperas que me planteo cantar en los próximos seis o siete años, Romeo y Julieta, Lucía o Pescadores, que supongo que saldrá en 2015.

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