domingo, 19 de febrero de 2017

Sergio Escobar, tenor: “Es imprescindible que se apruebe ya una Ley de mecenazgo”

Sergio Escobar (fotos cortesía del tenor)
Recién llegado de Módena, donde acaba de interpretar al Foresto de ‘Attila’, el tenor toledano Sergio Escobar (Villamuelas,1982) intenta exprimir al máximo las horas que puede disfrutar con su mujer, la soprano Noelia Buñuel, a la que conoció estudiando en la Escuela de Canto de Madrid, y con sus hijos de siete y tres años, Andrés y Mateo, a los que apenas ha visto en un 2016 lleno de compromisos internacionales, “Llevo fatal no ver a mis hijos y a mi mujer. La última vez he estado cuatro meses lejos de ellos. Es lo que peor soporto de esta profesión”, confiesa con pesar el cantante, que, como muchos de sus compañeros de generación está realizando una brillante carrera en el extranjero, aunque rehuse con diplomacia hablar de las dificultades de los artistas españoles para “ser profetas en su tierra”.


Escobar que descubrió sus posiblidades en el canto a los 17 años, imitando al Plácido Domingo de los conciertos de los tres tenores, cree que las Escuelas deberían trabajar con sus alumnos encaminándolos al repertorio que van a poder interpretar. Tiene claro que el mayor problema de la ópera en España es la financiación y que, para solventarlo, es imprescindible aprobar una Ley de mecenazgo que facilite la llegada de dinero de las grandes empresas a los teatros y propone completar los ingresos de los coliseos operísticos duplicando el número de funciones de cada título con repartos jóvenes que permitirían abaratar costes y llegar a más público.

Pregunta. Acaba de llegar de cantar ‘Attila’ de Modena. ¿Cómo ha sido la experiencia?
Respuesta. Muy buena, Es el teatro en el que debuté en Italia. Le tengo mucho cariño al maestro que dirigió la función, que es el director del teatro. El reparto era excelente y además coincidió que Colombara, que para mí es uno de los mejores cantantes en activo, celebraba sus 30 años de carrera. O sea que estupendo.

P. Aparte de alguna incursión en lugares como Tokyo, Frankfurt o Lisboa, usted se ha pasado 2016 recorriendo los grandes teatros y festivales italianos. ¿Italia le quiere más que España?
R. En Italia se trabaja más. No sé si me quieren más, pero me quieren dar más trabajo, desde luego. España tiene que mejorar el apoyo a sus cantantes, a sus artistas en general. Es algo muy español, pensar siempre que lo del pueblo del vecino es mejor que lo nuestro. De todas formas hace dos años canté mucho en España, debuté en la Zarzuela, canté en Oviedo, en Córdoba, en la Maestranza, pero en 2016, muy poco.

P. ¿Es diferente el público italiano al español?
R. Sí, es más apasionado y muy entendido. Llevan más la ópera en el ADN. Es más duro, cuesta más entrarles, pero cuando les has gustado son más fieles. Y les pasa como a nosotros, prefieren a los de fuera, jajaja, Pavarotti sólo cantó una vez en Módena. Y allí la ópera es más popular, menos elitista. No quiero decir que aquí sea un espectáculo sólo para élites, pero se asocia más a un público con un cierto nivel cultural, allí te encuentras con gente que trabaja en el campo o con obreros que son verdaderas enciclopedias sobre el repertorio operístico.

P. ¿Y cómo ha sido cantar con Mutti?
R. Una experiencia (largo silencio). En realidad no es mucho más difícil que con otros, es un director que ayuda mucho a los cantantes. Es mucho más amable y simpático de lo que dicen. Es verdad que yo le gusté y eso supongo que facilitó las cosas. Desde luego es un pozo de sabiduría de toda la ópera y sobre todo de la de Verdi, es el mejor. Hay que tener en cuenta que estudió con el mejor antes que él, con Antonino Votto, que a su vez lo hizo con Toscanini que trabajó con Verdi.

P. ¿Por qué es tan difícil para los cantantes españoles acceder al Real y al Liceu?
R. Son teatros de altísimo nivel y a los que no es más difícil acceder que a la Scala de Milán o a la Ópera de Viena.

P. ¿Qué problemas tiene la ópera en España en estos momentos?
R. Uno obvio de financiación.

P. ¿Qué soluciones propondría?
R. Es imprescindible que se apruebe ya una Ley de mecenazgo que facilite la llegada de dinero de las grandes empresas a los teatros. Está claro que aún así estos siempre van a ser deficitarios, porque el aforo no permite una gran venta de entradas, pero a lo mejor podrían hacerse 20 funciones de cada título en vez de 10, con repartos jóvenes en esas representaciones que permitirían abaratar costes y llegar a más público.

P. ¿Y los cantantes españoles?
R. El problema de los cantantes españoles, aparte de las dificultades para acceder a las programaciones, viene desde las Escuelas. Hay que enfocar las carreras desde las propias escuelas. No se cuida a las buenas voces, en el sentido de que no se encamina al alumno al repertorio que van a poder cantar.

P. ¿Cómo se llega desde Villamuelas a ser cantante de ópera? ¿Había tradición en su familia?
R. A mi abuelo le gustaba mucho la zarzuela y cuando me llevaba de pesca siempre la íbamos escuchando en el coche, así que supongo que eso algo de poso deja. Pero yo escuchaba la música que oía gla gente de mi edad. A los 14 o 15 años empecé a tener curiosidad por la música clásica, por la zarzuela y la ópera. Pero lo que me marcó definitivamente fue escuchar el concierto de los tres tenores. Ya sé que muchos dirán que eso no es ópera y que el mismo Kraus estaba muy en contra, pero ha creado mucha afición y para mí fue determinante.

P. ¿En qué sentido?
R. Empecé a intentar imitarlos, sobre todo a Plácido y me dije: “coño, tengo voz”. Llamé a mi madre y le dije: “mira lo que sé hacer” y le canté el ‘toreador’ de ‘Carmen’ –mi tesitura la he ido ganando con el tiempo, hay gente que tiene el do de natura, yo no pasaba del fa – y al día siguiente me estaba buscando una academia. Y eso viniendo de una familia muy humilde: mi padre guardia de seguridad y mi madre ama de casa. Mi padre trabajaba 16 horas diarias para ganar un sueldo decente.



P. ¿Dónde ha estudiado?
R. Empecé con Sigfredo Díaz en su academia, de ahí pasé a través de su hermana al conservatorio de Arturo Soria, en el que estuve dos años y entonces me pareció importante irme a la Escuela de Canto, al superior.

P. ¿Cómo fue la experiencia en el centro?
R. Me sentí a gusto, pero pronto vi que no era el sitio donde podían educar mejor mi voz y busqué otros cauces. Lo mejor de la Escuela es que me sirvió para conocer a mi mujer y a grandes amigos que todavía conservo, eso es lo que más le agradezco.

P. En 2012 ganó el primer premio del concurso de canto de Logroño; ese mismo año ganó el concurso Montserrat Caballé en Zaragoza y cinco premios en Bilbao, entre otros galardones. ¿Le ayudaron en su carrera esos premios?
R. No, en la carrera no, son una buena ayuda económica, Supongo que si ganas Operalia sí te das a conocer. El concurso de Bilbao me proporcionó un concierto en São Paulo que supuso mi debut en América. Y en el Caballé conocí a Carlos Caballé que me trató con mucho cariño y trabajó conmigo ‘Don Carlo’ una semana antes de que lo debutara en Italia.

P. Usted comenzó con papeles más ligeros como Nemorino y Alfredo y ha ido evolucionando a papeles más dramáticos. ¿Cómo ha sido esa evolución?
R. En realidad Nemorino no es un papel ligero, es central, no pasa de un la; aunque sí lo es de carácter. Me encantaría cantarlo, pero no me lo dan porque lo hacen tenores más ligeros, así que a mí me ofrecen papeles para los que no hay tantos tenores de mi tipo. Mi voz ha evolucionado con el tiempo, ha crecido en volumen y se ha oscurecido. Empecé como lírico y ahora canto un repertorio de spinto. Nunca he cantado papeles ligeros, el duca de ‘Rigoletto’ o Alfredo son los que se cantaban en el circuito en el que me movía. Las compañías privadas que van a provincias no hacen nunca un ‘Don Carlo’ o una ‘Forza’.

P. ¿Cómo definiría su voz?
R. Ahora mismo de lírico pleno que con el tiempo será spinto y dramático. Me están ofreciendo ‘Otello’ y he dicho que no. Yo diría que es el tipo de voz mediterránea en la tradición de los tenores españoles Carreras, Aragall o Pedro Lavirgen, por poner algunos ejemplos y salvando las distancias.

P. ¿Con qué criterio elige los papeles que va a interpretar?
R. Me gustaría poder elegirlos más porque muchas veces tienes que aceptar lo que te dan. Elijo papeles que me van bien vocalmente del repertorio italiano y si puede ser Verdi, mejor. A veces rechazo papeles que vocalmente me van bien pero que a nivel interpretativo prefiero esperar para poder afrontarlos.

P. ¿Qué nuevos papeles le gustaría o pretende incorporar a su repertorio?
R. Hay tres que me gustaría hacer a corto plazo: ya he hecho Turiddu y quiero debutar Cannio de ‘Pagliacci’; Maurizio de ‘Adriana Lecouvreur’ que ya está en proyecto y Luigi de ‘Il tabarro’. Estos son los que tengo en el punto de mira.

P. ¿Le ha afectado de alguna manera esa ‘moda’ que prima el físico de los cantantes sobre su voz o sólo castiga a las mujeres?
R. Bueno es que yo estoy estupendo, jajajajaja. No, en serio, no me ha afectado. A lo mejor con otro físico hubiera trabajado más, no lo sé. Hay determinados tipos de voz que necesitan tener una gran capacidad torácica. Yo no podría cantar como canto sin tener este ancho de espalda. Con las mujeres sí que es brutal, hay tantas donde elegir que buscan figurines y en muchos casos la voz pasa a ser secundaria. Aunque también depende mucho del repertorio, en Wagner no pueden discriminar, o se tiene la voz o no se tiene, pero para cantar 'Lucia', la más guapa gana. Es repugnante pero es así.

P. Usted está casado con la soprano Noelia Buñuel y tienen dos niños de tres y siete años. ¿Cómo se concilia la vida familiar con una profesión que exige pasar tanto tiempo lejos de casa?
R. Mal, para mí, que me paso la vida solo y para mi mujer que ejerce prácticamente de madre soltera. Llevo fatal no ver a mis hijos y a mi mujer. La última vez he estado cuatro meses lejos de ellos. Es lo que peor soporto de esta profesión.

P. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
R. El que más me ilusiona es ‘Don Carlo’ en el Maggio Musicale Fiorentino con Zubin Metta.


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