martes, 26 de mayo de 2015

Rubén Fernández Aguirre | pianista de cantantes: "Soy un pianista enamorado de la voz"

Fotos: Rubén Fernández Aguirre (cortesía del entrevistado)
El mes de mayo de 2015 trajo a la Fundación Juan March y a los Teatros del Canal de Madrid la representación de tres óperas de Francisco Asenjo Barbieri, Emmanuel Chabrier y Manuel del Pópulo Vicente García. Además de su pequeño formato, Los dos ciegos y Une éducation manquée, que se ofrecían en programa doble, y L'isola disabitata tenían algo en común, las tres obras compartían un mismo director musical, que al mismo tiempo realizaba el acompañamiento instrumental: el pianista Rubén Fernández Aguirre (Barakaldo, 1974). El maestro barakaldés comienza esta semana la grabación de la integral de las canciones de Falla en la casa del compositor y con su piano. Realizará el primer registro con la soprano tolosana Ainhoa Arteta.

Fernández Aguirre, padre de dos hijos, Adriana de cinco años y Markel de once meses, comenzó sus estudios de piano en su localidad natal con la profesora Mª Paz Bilbao; realizó sus estudios superiores de piano en Vitoria con Albert Nieto y de correpetición en Viena con David Lutz y Munich con Donald Sulzen. Entre otros, ha recibido el Premio Ópera Actual 2010 al mejor intérprete.

Ha acompañado a más de 100 cantantes, ha sido pianista oficial y jurado en importantes concursos internacionales, maestro correpetidor en el Teatro de la Maestranza, el Palau de la Música de Valencia y el Teatro Real de Madrid, y pianista de cursos y clases magistrales.

Pregunta. ¿Qué lleva a un pianista a especializarse en el acompañamiento de cantantes?
Respuesta. Las circunstancias vitales. Soy de Barakaldo, una ciudad con una gran tradición coral, mis padres cantaban en el Orfeón Barakaldés y mi padre fundó la Coral Zigor hace 30 años. Mis hermanas y yo también cantábamos en esas agrupaciones. Fui miembro del Coro Europeo. Estudié canto para intentar comprender a los cantantes. Mariola Cantarero siempre dice que soy el pianista más cantante que conoce.

Foto: acompañando a María Bayo en un curso de la UIMP
P. ¿Y por qué Viena?
R. Cuando acabé la carrera de piano me fui a Viena para estudiar la especialidad de pianista acompañante. En España existe la idea de que el pianista ha de ser solista y los estudios en el Conservatorio se enfocan únicamente en esa dirección. La carrera de acompañante se contempla como algo menor a pesar de la existencia de grandes repertoristas como Lavilla o Zanetti. Llegar a Viena fue algo increíble, porque allí se reconoce la importancia y la complejidad de esta especialidad.

P. Usted ha acompañado a muchos cantantes, algunos de ellos grandes figuras internacionales. ¿Es cierta la leyenda negra que dice que no saben medir?
R. No, eso es una falacia. Puede haber casos en la historia, de hecho eso se decía de Pavarotti, pero hoy en día un cantante tiene que estar muy preparado. Tiene que saber cantar, actuar y hasta hacer el pino puente. Antes lo fundamental era tener una voz importante y el resto era secundario. Ahora la situación es totalmente distinta, sobre todo en el caso del recital de canciones, en las que se enfrentan a más de una hora de música con el único apoyo del piano.

P. ¿Qué atributos debe tener un buen repertorista?
R. Hay que saber escuchar al cantante, pero esa escucha ha de ser también psicológica. Saber escuchar al profesional y a la persona. En el piano hay que ser más un pintor que un pianista, saber poner un color a cada frase del cantante. Es verdad que la responsabilidad técnica es menor que la de un pianista solista, pero la responsabilidad expresiva creo que es mayor.

P. ¿Cómo se consigue?
R. Félix Lavilla me dijo una vez que trabajase con muchos cantantes, que ése era el secreto, que enriquece mucho tener que adaptarse a cada uno. Ya he acompañado a más de cien; estoy en el camino.

Foto: Rubén Fernández Aguirre (Pablo Rodríguez)
P. ¿Es imprescindible ser un gran improvisador?
R. No, la improvisación con mayúsculas es algo más vinculado al mundo del jazz, en ese sentido mi pianista favorito es Chucho Valdés. En nuestro caso se trata más de saber resolver, saber reaccionar si el cantante se confunde, se salta un compás o se cambia de tonalidad. Nuestra misión es dar al cantante una sensación de seguridad absoluta, transmitirle que puede lanzarse al vacío sabiendo que hay una red que no va a fallar, que tiene un compañero de viaje que está en un segundo plano sosteniéndole siempre.

P. La crítica ha alabado su capacidad de ‘respirar’ con el cantante. ¿Es algo fruto de la intuición o de la práctica y el trabajo?
R. De ambas cosas. Hay una parte innata fundamental pero esa parte debe desarrollarse trabajando, como todo en la vida.

Foto: Rubén Fernández Aguirre (Julio Gamboa)
P. En el lied, el piano dialoga de tú a tú con el cantante, sin embargo éste aparece casi siempre como único protagonista. ¿Cómo se vive la injusticia de una invisibilidad que sólo desaparece cuando hay errores en la ejecución?
R. Hay que tener muy claro quién eres y lo que haces. Es evidente que en España, para el 95% del público sólo existe la voz. Una de mis metas es hacer que descubran que hay una parte importante de las obras que les llega a través de la interpretación del pianista.

P. ¿Es un mal exclusivamente español?
R. En culturas más preparadas musicalmente sí se valora al pianista, pero aquí, por ejemplo, se da la paradoja de que los Premios Campoamor crean la categoría de Mejor recital y el galardón se entrega al cantante sin mencionar siquiera al pianista acompañante. Thomas Hampson dijo una vez que en un recital hay tres protagonistas: la voz del cantante, la mano izquierda y la mano derecha del pianista.

P. ¿Es importante para usted el conocimiento del texto de las piezas que acompaña?
R. No es importante, es fundamental. El análisis del texto y su comprensión para poder entender la unión de música y poesía. Normalmente en los cursos suelo pedir a los pianistas que canten las piezas para favorecer esa comprensión. Por eso para mí es tan importante la exigencia de una dicción perfecta, de que el texto se entienda correctamente. De que llegue al público lo que el cantante está contando.

Foto: Teatro Arriaga
P. ¿Qué ocurre cuando acompaña un idioma que desconoce?
R. Evidentemente me exige un sobreesfuerzo. Manejo el alemán que es el idioma más frecuente en el mundo del lied, pero cuando te encuentras con alguna canción de Rachmaninov en ruso, o de algún autor checo, te tienes que buscar la vida para traducirla y realizar el trabajo fonético. Estás acompañando a un cantante, no a un clarinete.

P. ¿Quiénes son sus referentes en el mundo del acompañamiento?
R. De los repertoristas históricos Félix Lavilla, Miguel Zanetti en España y Gerald Moore y Geoffrey Parsson a nivel internacional. Admiro a Malcon Martineau, W. Rieger, J. Drake, R. Vignoles o H. Deutsch, entre otros.

P. ¿Qué compositores plantean más dificultades a la hora de interpretar su música?
R. Los autores del romanticismo y postromantisicmo alemán, Brahms, Strauss, Wolf, que escriben con un romanticismo exacerbado. Alban Berg, que tiene una armonía más complicada que exige mucho estudio. Hay cierto repertorio francés (Debussy o Duparc) que no es comparable a acompañar un lied de Mozart. Entre los contemporáneos, uno de mis referentes es García Abril del que he grabado la integral, que es uno de los compositores españoles que más canciones ha escrito. Falla por ejemplo, cuya obra en este género es la más conocida, sólo compuso unos 70 minutos de canciones.

Foto: clases magistrales de Teresa Berganza
P. ¿Ópera, zarzuela o lied?
R. Me considero pianista de lied porque está escrito originalmente para piano, pero eso no quiere decir que no tenga mucha relación con ópera y zarzuela. He sido correpetidor en la Maestranza, en el Palau de Valencia y el Teatro Real.

P. ¿Es verdad que acabó trabajando como pianista en unas clases magistrales a las que asistía como oyente porque levantó la mano cuando el profesor, el bajo Simon Estes, preguntó si había algún pianista en la sala?
R. Sí, fue muy curioso, fui a Sevilla para trabajar como correpetidor en la Maestranza. Estes había dado allí un recital y se quedaba a dar unas clases magistrales. Por un malentendido entre el cantante y la organización, en el momento de iniciar el curso resultó que no había pianista y Estes, exasperado se dirigió al público preguntando: “¿hay alguien que pueda acompañar el aria de Alfredo de Traviata?”. Yo, que estaba sentado al fondo como oyente, totalmente empapado porque diluviaba, levanté la mano y subí al escenario. Cuando empecé a tocar, él me preguntó: ¿pero tú de dónde has salido?

P. ¿Le contrataron?
R. Sí, por supuesto, acabé tocando durante todo el curso y además ejerciendo las funciones de traductor.

P. Últimamente es frecuente ver en muchos espectáculos que el pianista comparte escenario con los cantantes e interactúa con ellos. ¿Se siente cómodo en esa faceta de actor?
R. Tengo un punto 'peliculero' que también me debe venir de familia. Mi hermana Sandra es actriz. Cuando trabajo con directores de escena como Emilio Sagi, Enrique Viana o Pablo Viar, estoy dispuesto a explorar esa vertiente escénica.

P. ¿Prefiere dirigir o tocar?
R. Soy pianista. Ocasionalmente he coordinado óperas desde el piano, pero ni soy director ni lo quiero ser. Respeto mucho a la gente que se ha preparado concienzudamente para ello.

P. ¿Cómo ve la situación de los músicos profesionales en España en estos momentos?
R. Muy complicada. No sólo la de los músicos, sino la de la música en general. El Gobierno actual se ha encargado de ‘joder’ y lo digo con todas las letras, las cosas buenas que se habían hecho con los anteriores. El señor Wert dice, en el colmo de la incongruencia, que el IVA del 21% no nos afecta a los músicos, cuando repercute en los sueldos de los intérpretes y retrae al espectador que se lo piensa más a la hora de comprar una entrada un 21% más cara. Por otra parte no acaban de aprobar la tan prometida ley de mecenazgo que podría suponer un respiro para el sector. Es una vergüenza.

P. ¿Qué soluciones propondría?
R. Necesitamos hacer fuerza entre todos. Es imprescindible, y creo que es un sentir general en el mundo artístico, que cambie este Gobierno que está utilizando la ley como venganza contra el sector del cine y el teatro por su posicionamiento político en ciertos momentos. Una venganza que pilla de rebote al mundo de la música. Y como he dicho hay que bajar el IVA y aprobar la ley de mecenazgo.


Vídeo: María Bayo, romanza de Las hijas del Zebedeo de Ruperto Chapí (noviembre 2013, Buenos Aires)

P. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
R. Afortunadamente tengo una agenda muy completa. A finales de mayo voy a grabar la integral de las canciones de Falla con su piano y en su casa, porque el piano no se puede mover. El primer registro lo haré con la soprano tolosana Ainhoa Arteta. El día 8 de junio actuaré en el Euskalduna con la soprano canadiense Measha Brueggergosman, después tengo una gira de conciertos por Sudamérica con la mezzosoprano Nancy Fabiola Herrera presentando nuestro Cd de canción española. También estaré en los cursos de verano de Granada y de Santander. Y muchas más cosas. ¡Qué siga así!


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