lunes, 23 de marzo de 2015

Enrique R. del Portal | tenor: "La crisis ha sido la puntilla final a nivel profesional y artístico del sector lírico"

Foto: Enrique R. del Portal (todas las fotos son cortesía del tenor)
Siempre es una buena noticia encontrar a Enrique R. del Portal (Madrid, 1968) en un reparto, porque su nombre es una garantía de que se va a asistir a una muestra de sabiduría escénica y talento. Cuando cae el telón de 'La gran duquesa de Gerolstein' de Offenbach que el Teatro de la Zarzuela ha programado desde el 13 al 28 de marzo, sólo se puede lamentar que este capitán Nepomuceno, que el tenor aborda con brillantez en su esperada vuelta al coliseo madrileño, no tenga mayor protagonismo en la obra.

Portalito, como lo llamaban en las compañías de zarzuela para diferenciarlo de su padre, es hijo del tenor Enrique del Portal y su infancia, como la de otros hijos de cantantes, transcurrió entre cajas en los teatros, en temporadas y giras. A los 15 años inició su carrera lírica para disgusto de su madre, pero su amor por la música lo ha llevado a hacer incursiones en otros géneros y, además de en ópera y zarzuela, ha intervenido en numerosos musicales, ha formado parte de un grupo pop y próximamente presentará un disco de composiciones propias de rock. Estudiante de filosofía, poeta, director, doblador, no descarta, si se lo proponen, hacer teatro de texto. Comprometido con la profesión, recientemente ha creado con otros compañeros la Asociación de Artistas Líricos de España (ALE) con el fin de luchar por los derechos de los cantantes.


Foto: el tenor caracterizado como Nepomuceno
Pregunta. ¿Quién es el capitán Nepomuceno?
Respuesta. Un pequeño engranaje, pero muy cómico, de la corte de Gerolstein, ducado imaginario nacido de la imaginación de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, y con música de Jacques Offenbach, donde de forma ligera, divertida y frívola se critica el militarismo y la monarquía.

P. ¿Es diferente hacer opereta a hacer zarzuela?
R. Absolutamente no. El intérprete de zarzuela y opereta, y aún me atrevería a decir de ópera, debe cumplir unos requisitos comunes que le permitan moverse entre los géneros, dentro de sus cualidades y posibilidades vocales, claro está.

P. ¿Es el Teatro de la Zarzuela el refugio para los cantantes líricos españoles ante el veto en la práctica al que han estado sometidos durante años en el Teatro Real?
R. No conozco la política del Teatro Real, ya que no he cantado nunca en él. Mi repertorio se corresponde más al Teatro de la Zarzuela, o a los de Gran Vía, pero para cualquier profesional o amante del teatro musical en España debería ser obvio que seguimos teniendo un enfermizo complejo de inferioridad, que nos lleva a maltratar por sistema todo lo nuestro. Esto se ve reflejado en la programación de los teatros públicos, en la designación de directores, altos cargos o en nuestras relaciones con otros géneros, que siempre tratamos como si fueran nuestros hermanos mayores. Y se verá sin duda también en la elaboración de repartos.

P. ¿Qué diferencia hay entre trabajar en un teatro público como el de la Zarzuela a hacerlo en compañías privadas?
R. En principio la empresa privada es más libre de contratar a quien quiera. Los teatros públicos, salvo honrosas excepciones, reciben más presiones de tipo artístico o político. De esta forma a veces ni el director musical o escénico de una producción tiene la última palabra sobre quién es su protagonista. A nivel personal he de decir que nunca he tenido problemas. Nunca he pertenecido a ningún grupo, o 'capilla' y esa independencia me ha proporcionado una gran libertad, que se ha reflejado en que siempre que me han contratado ha sido únicamente por mi trabajo. Eso no impide que determinados directores hayan empujado de forma decisiva mi carrera, y sería injusto no nombrar a Miguel Roa o Emilio Sagi, que en un momento dado apostaron por mi presencia en el Teatro de la Zarzuela.

P. ¿En algún momento de su vida se planteó dedicarse a una profesión que no estuviese relacionada con los escenarios?
R. No, desde siempre tuve claro que terminaría en un escenario, o en estudio de grabación o un plató.

P. Usted estudió filosofía y es un magnífico poeta. ¿Nunca le ha tentado dedicarse a algo relacionado con el mundo de las letras?
R. Muchas gracias por lo de magnífico poeta. Yo me conformo con buscador de poesía. Me parece un mundo difícil. El año pasado publiqué de forma casi accidental un poema en la antología 'En legítima defensa. Poetas en tiempo de crisis', de la editorial Bartlevy, y aproveché para presentar mi trabajo, pero no parece un buen momento para comerciar con poesía, o quizá mi trabajo no es el producto que mejor se ajusta a los parámetros de mercado, no lo sé. En cualquier caso aprovecho la ocasión para invitar a los lectores a visitar mi blog El anverso, dedicado a la poesía.

P. ¿Qué opinaron sus padres de que siguiera la tradición familiar?
R. Pues paradójicamente no fue recibido con entusiasmo… Especialmente por parte de mi madre, aunque me dio un muy sabio consejo: "elijas lo que elijas, hazlo de lleno y prepárate para ser el mejor".

Foto: padre e hijo en La leyenda del beso
P. ¿Qué similitudes y qué diferencias hay entre Enrique del Portal padre y Enrique del Portal hijo?
R. ¡Las obvias! Nuestro gran parecido físico, que nos ha hecho protagonizar divertidas anécdotas, como que algún espectador despistado nos confunda. Intento seguir su ejemplo en todos los sentidos de lo bueno que hizo y no repetir lo que no me parece tan bueno. Él siempre fue muy talentoso, pero poco sistemático con su trabajo. Yo no sé si llego a tener el brillo que él tuvo en el escenario, pero sí intento ordenar mi forma de trabajar. Aunque con el tiempo cada vez echo más de menos ser Quique y no el hijo de Enrique del Portal.

P. ¿Quiénes son sus cantantes de referencia?
R. ¡Uff! Muchísimos. Quien eche una ojeada a mi discoteca se perderá en un torbellino de estilos. En este momento me acompaña en el reproductor de mp3 Joe Lynn Turner, un cantante de AOR estadounidense, pero enseguida paso a Michel Ball o Juan Diego Flórez. Entre los clásicos debería nombrar a Alfredo Kraus, que marca mi infancia, Mario del Mónaco, Plácido Domingo. Y entre los populares a David Bowie, David Coverdale, Bobby Kimball, cantante del grupo Toto, Sting, Rod Stewart, los melódicos Jacques Brel o Dyango. Como se puede ver, muchos y variados.

P. Prácticamente nació en un escenario de zarzuela, pero ha hecho mucho musical, ópera y tiene un grupo de rock. ¿Con qué género se queda?
R. No podría elegir. Cuando estoy en una temporada de un espectáculo musical, que suelen ser largas, echo de menos representar zarzuela, y siempre estoy escribiendo alguna letra o arañando la guitarra en busca de una canción, que siempre aparece en forma de pop o rock´n´roll. Todos tienen una parcela fija en mi corazón.

Foto: Enjolras (Miserables 1992-1994)
P. ¿Qué supuso Miserables en su carrera?
R. Pues fue el principio, y no pudo ser de mejor manera. Los Miserables es una obra musical mítica, con millones de adeptos en todo el mundo, y que ha sido representada en casi todos los idiomas. Además supuso la entrada en España de las grandes producciones de Broadway y West End, con lo que esa producción de 1992 tiene un significado muy especial para todos los que estuvimos en ella y para todos los aficionados al teatro musical. De ahí salieron nombre como Carlos Marín, de Il Divo, o Miguel del Arco, uno de los directores más interesantes del panorama actual.

P. Hizo un impresionante Enjolras en Miserables y 20 años después un no menos excepcional Thenardier en un paso que usted mismo describió como “de las barricadas al mesón”. ¿Cómo fue esa conversión de héroe en bufón?
R. Me gusta pensar que de forma natural e inevitable. Repetir la experiencia de Los Miserables 20 años después fue un regalo excepcional que me dio la vida, y, lógicamente, no podía volver a ser Enjolras. En un principio intente cantar Jean Valjean, pero la productora, con la que ya había trabajado en El Fantasma de la Ópera, no debió querer desaprovechar mi faceta más cómica y traviesa, supongo, y así fue como me ofrecieron el papel de Thenardier, después de una durísima secuencia de pruebas de selección, eso sí.

Foto: Thenardier (Miserables 2010-2011)
P. Hay una cierta tendencia a encasillarle en papeles de tenor cómico cuando usted ha demostrado sobrada capacidad para papeles dramáticos. ¿Es algo buscado por usted o le viene impuesto?
R. Creo que la imposición de etiquetas es algo muy habitual en este negocio. Por una parte quizá facilita la labor de productores y directores a la hora de elaborar un reparto, pero también coarta las posibilidades de un intérprete, como en mi caso, curioso e inquieto por naturaleza. Pero no he huido de ese encasillamiento, que me ha permitido cierta resonancia en los papeles para los que más se me ha solicitado. Aun así tengo la satisfacción de que se me reconozca cierto mérito cuando intento romper esa tendencia.

P. Ha probado también la dirección. ¿Se plantea seguir por ese camino?
R. ¡Claro! Me encanta la dirección. Es un trabajo complejo y lleno de dificultades, pero que multiplica las satisfacciones. Estoy en ello para no dejarlo, pero tampoco puedo abandonar el escenario, que es lo que hasta ahora me mantiene con vida. Estoy elaborando varios proyectos, con la idea de tener un pequeño repertorio de montajes para cuando surjan las ofertas; y acaricio con mucha ilusión la idea de presentar un proyecto a un importante teatro lírico.

P. A un animal de escena como usted. ¿No le llama el teatro de texto?
R. Hasta ahora no me ha llamado él, aunque yo le deseo. Bueno, no es del todo cierto, tuve una oferta para un título de Harold Pinter, Celebración, para el Centro Dramático Nacional, pero muy a mi pesar, tuve que rechazarlo, pues a la vez surgió la producción 25 aniversario de Los Miserables. Espero no tardar en participar en una obra no musical, ya sea teatro o audiovisual.

P. ¿Con qué criterio elige su repertorio?
R. Siempre he tenido como máxima la salud vocal y respetar mis límites. Algunos personajes como Thenardier o Julián de La Verbena de la Paloma, suponen un esfuerzo extra para mi registro, y he tenido que incorporarlos de una forma muy cuidadosa, pero no han supuesto, en la práctica ningún problema. No hace mucho me ofrecieron cantar el Felipe de La Revoltosa, que rechacé por ser demasiado grave para mí.

P. ¿Es más fácil llegar al público cantando un bolero o un aria de ópera?
R. Creo que lo que emociona al público es la verdad del intérprete y, evidentemente, su dominio técnico del canal que utiliza para trasmitir esa verdad, esa historia. Pero aunque se tengan que dominar, o incluso tengan un valor en sí, los canales, los géneros, son las vías de comunicación. Yo puedo emocionarme con muchos estilos diferentes, si hay verdad en ellos, si hay sentimiento. Y creo que en general es lo que busca y agradece el público. A nivel personal lo más gratificante para mí, hasta ahora, ha sido que alguien se emocione con una de mis canciones.

P. Usted se ha implicado en la lucha por los derechos de los cantantes con la creación de la Asociación de Artistas Líricos Españoles. ¿Qué problemas tiene este colectivo en España en estos momentos?
R. ¿Problemas? ¡Todos! La crisis ha sido la puntilla final de un proceso degenerativo tanto a nivel artístico como profesional, que viene dándose desde hace veinte años aproximadamente. A esto hay que sumar la extrema individualidad de los artistas líricos españoles, que ha supuesto una verdadera barrera a la hora de aunar esfuerzos para mantener nuestro estatus profesional, incluso al borde de la desaparición de un gremio, como estamos ahora, ante la práctica ausencia de producción privada de género lírico.

Foto: con su esposa, la cantante Marta Moreno
P. ¿Y la lírica en general?
R. Como decía antes, se programa y se produce poco por esa especie de complejo de inferioridad que nos lleva a pensar que cualquier ópera italiana o cualquier musical de Broadway va a ser mejor que un título español y por tanto va a vender más. Y desgraciadamente esto se ha convertido en realidad, ya que se ha creado una espiral de la que no creo que podamos salir.

P. ¿Existen otros problemas?
R. Desde que termina el ciclo de composición lírica española en los años cuarenta, la tendencia de los directores, productores y profesionales ha sido la del menor esfuerzo y la menor inversión, dedicando cada vez menos medios a la elaboración de nuestro repertorio, y renunciando casi por completo a la incorporación de títulos nuevos. Esto se ha convertido en un 'modo de hacer' zarzuela que nada tiene que ver con el teatro vivo ni con las posibilidades del género. De ahí que el público potencial prefiera El Rey León en el Teatro Lope de Vega a La Corte de Faraón, en el Teatro Gran Vía.

P. ¿Qué soluciones propondría?
R. Ojalá tuviera la solución. Siempre he creído saber 'lo que no había que hacer'. Y así lo he señalado durante los últimos años. Hemos sido jugadores de chica, y por tanto, perdedores de mus.

P. ¿Cuáles son sus próximos proyectos?
R. Lo más inmediato, la representación de La Gran Duquesa de Gerolstein en el Teatro Calderón de Valladolid, cuando terminemos en Madrid. Poco después una función de La Verbena de la Paloma y una serie de conciertos de zarzuela en  centros culturales de Madrid. Está a punto de ver la luz un proyecto muy personal, mi primer disco 'Llegado el Momento' con canciones propias en clave de rock´n´roll. Haré una nueva producción en el Teatro de la Zarzuela y, muy pronto también, me gustaría anunciar mi participación en un nuevo musical, pero eso todavía no se puede confirmar.

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