domingo, 30 de abril de 2017

Mundo Bolo | Tosca 'la maledizione'

'Tosca' con Jean Philippe Lafont (cortesía del autor)

Por el cantante del coro de la Ópera de Bilbao Jesús Maria Otxandiano Rodríguez

Probablemente haya pocas obras en la historia de la ópera que hayan generado tantas anécdotas como 'Tosca' de Puccini, hasta el punto de que muchos afirman que es una ópera maldita: una soprano a la que le retiran los colchones que amortiguan su caída desde la muralla del castillo de Sant'Angelo con el consiguiente batacazo; un tenor al que el disparo del fusilamiento realizado con un arma prestada por un coleccionista hiere de verdad; un coro masculino cuyos miembros saltan al vacío uno tras otro, malinterpretando las instrucciones de un director con poco dominio del idioma que les ha ordenado seguir a la protagonista que huye al final de la obra; una soprano que no sale a escena cuando le toca dejando al tenor 'solo, perduto y abbandonato'... En esta ocasión, la representación se celebraba en Bilbao  y todo se iba desarrollando según el guión. Por fin se llegó a la escena del enfrentamiento entre Tosca y Scarpia, muy dramática, en la que la cantante acaba con la vida del barón.

Otxandiano con Martinico (cortesía del autor)
Cuando Floria coge el cuchillo de la mesa donde ha cenado con el jefe de la policía y le suelta la puñalada trapera que acaba con su vida, éste cae, teatralmente, boca arriba con los brazos en cruz. La posición de Scarpia permite que Tosca acabe la escena montando toda la parafernalia del arrepentimiento. Así, mientras la música sublime suena, nuestra heroína coge un candelabro de la mesa, rodea el cadáver y se lo coloca debajo de la axila del brazo izquierdo; vuelve sobre sus pasos, coge otro candelabro y se lo coloca debajo de la axila del brazo derecho; y por último coge un crucifijo para colocarlo sobre el pecho del difunto.

La soprano cogió pues la cruz, que era una obra de arte con su peana de mármol, rodeó los pies del finado y al agacharse para depositarlo encima del barítono, el sudor de las manos, provocado probablemente por los nervios y el dramatismo de la escena, hizo que se le resbalase cayendo, de golpe, sobre las partes más blanditas del pérfido jefe de policía.

El acto reflejo fue inmediato y el 'cadáver' sufrió un espasmo que hizo que se alzasen el tronco y las extremidades unos centímetros, volviendo a caer en la misma posición. Tosca se llevó las manos a la cara y, convulsa, hizo mutis por un hombro del escenario. Cuando llegó a nuestra altura, entre cajas, no retiró sus manos del rostro porque...la carcajada se hubiera oído desde la calle.

Este accidente abre un nuevo camino a otras sopranos que aborden el papel de Tosca, ya que si Scarpia no muere a la primera puñalada, siempre lo podrán rematar de un buen cristazo.

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