domingo, 13 de noviembre de 2016

Mundo Bolo | Los centros culturales, ¿un universo paralelo?

Casa del Reloj (Cristian Pellissier Facebook/Centro Cultural Casa del Reloj)
Dentro de las situaciones que a veces se producen con el público de los centros culturales y que difícilmente podrían ocurrir en un teatro (estudiantes de sociología: ahí hay tema para una tesis), traigo hoy dos historias que ocurrieron en sendos auditorios madrileños. En la primera, tocaba concierto castizo en la Casa del Reloj. Cuando la soprano empezó a entonar el 'Chotis del Elíseo' con bella y timbrada voz, una encantadora anciana de la primera fila, sin ninguna de esas cualidades, pero con una encomiable potencia vocal, decidió acompañarla improvisando una segunda línea de canto no prevista por el compositor y que, con toda probabilidad, le hubiera hecho removerse en su tumba de ser ello posible.

Un hombre de la misma fila la mandó callar llamándola con dulzura "gilipollas" (la señora era un poco reincidente) y a partir de ahí ambos empezaron a recitarse el diccionario secreto de Cela mirándose tiernamente a los ojos, mientras sus parejas respectivas intentaban que no se levantasen de las butacas, para diversión de los que los mirábamos desde el escenario intentando no interrumpir el canto. El director (que como estaba de espaldas sólo oía los gritos) paró la música y tomando a la soprano de la mano se dirigió a los contendientes y les dijo: "por favor, cuando acaben nos avisan" y sin más se fue con ella al camerino, mientras los del coro (mucho más morbosos) nos quedábamos a ver la pelea. Lamentablemente, no hubo sangre...

En la segunda ocasión, esta vez sin violencia física, el recital se celebraba en la Casa de Vacas del Retiro, de desafortunado nombre pero excelente acústica. El protagonista, un tenor poderoso en todos los aspectos, Antonio Carlos Moreno. Tras la primera pieza, una señora del público levantó tímidamente la mano y ante la perplejidad de todos los presentes expresó su ruego: "Yo quería pedir a los responsables de la sala que, ya que el cantante tiene tan buena voz, por favor apagasen la megafonía, porque el sonido es demasiado fuerte y resulta excesivo". El único 'responsable' presente, que no salía de su asombro, le aclaró inmediatamente a la dama de los delicados oídos que en los recitales líricos 'jamás' se conectaba la megafonía y que el 'chorro de voz' era totalmente propiedad del artista, con lo que poco podía hacerse para aliviar sus molestias, tras lo cual, el tenor, entre halagado y ofendido, continuó cantando.

Con el título de 'Mundo bolo', esta sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tiene periodicidad semanal y en ella tienen cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

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