domingo, 16 de octubre de 2016

Mundo Bolo | 'La experiencia es un grado', ¡siempre!

Orquesta titular Teatro de La Zarzuela (web del teatro)

Por el contrabajista y archimaga José Antonio Román Palomares

Cuando comencé como 'meritorio' en la orquesta titular del Teatro de La Zarzuela de Madrid en la temporada 1976 -1977, estaba todavía en plena carrera en el conservatorio. Yo no tenía ni la más remota idea de lo que era un foso de orquesta, lleno de profesionales que dominaban el género de una forma magistral. De aquella primera experiencia recuerdo especialmente a tres músicos que me impactaron sobremanera por su experiencia tan abrumadora:

José Antonio Román (cortesía del autor)
Había un percusionista que colocaba el periódico totalmente extendido sobre los timbales. Cuando tenía que intervenir, simplemente lo separaba un poco, realizaba su intervención y continuaba leyendo alegremente el diario durante los siguientes compases de espera. Algo que, para un estudiante como yo, resultaba totalmente desconcertante.

La arpista, Angelines, grandísima profesional, era la que me dejaba mas perplejo. Es verdad que el papel de arpa en la zarzuela no suele ser muy extenso y como ella se sabía la mayoría de las zarzuelas de memoria, en lugar de tener en el atril colocada su particella, tenía abierto de par en par un estupendo libro de crucigramas, que iba resolviendo mientras la orquesta tocaba. A veces, para hacer un par de notas en el arpa, ni siquiera soltaba el bolígrafo y, una vez concluidos sus compases, se lanzaba de nuevo a seguir completando el crucigrama en el que estaba enfrascada.

Maíllo era un mundo aparte: este gran flautista (también desaparecido), era uno de los forofos mas recalcitrantes del Real Madrid que yo he conocido en mi vida y, cuando había partido de 'su equipo', sacaba su inseparable transistor, se introducía en el oído el único auricular que entonces tenían esos aparatos (uno blanco, ¿recordáis?), y se tiraba toda la función tocando la flauta y siguiendo el partido (haciendo las dos cosas perfectamente).

El resto de la orquesta sabíamos cómo iba el partido simplemente con mirarle a la cara; lo más gracioso es que el director (también 'madridista'), entre número y número musical, le preguntaba: "¿cómo vamos?", y Maíllo le iba cantando los resultados. Impresionante total para un muchacho como yo, al que todas estas cosas le parecían pertenecientes a una dimensión paralela.

Sobre estos músicos extraordinarios que conocían todo el repertorio de memoria, recuerdo también una anécdota ocurrida una vez con la tan añorada maestra Dolores Marco. Ocurrió en el Centro Cultural de la Villa De Madrid, allá por 1987 y no sé qué zarzuela estábamos representando. Yo andaba como jefe de orquesta de la Compañía Lírica Española y había llevado a un flautista estupendo que era la primera vez que trabajaba con la maestra. En el ensayo se produjo entre ella y el flauta esta conversación:

- "¿Has hecho esta obra?
- No maestra.
- Pues ten cuidado en el número cinco grande, porque cuando pases la hoja, la cagarás… a todos los flautistas les pasa".

Como es natural, el flautista se estudió el pasaje una barbaridad en el descanso anterior a la actuación y como era previsible, cuando llegó el momento fatal del número cinco, la cagó estrepitosamente al pasar la hoja. En el foso solo se escuchó y bastante fuerte una sobrecogedora frase: "¡LO SABÍA! ¡NOS DEBES UN CAFÉ A TODA LA ORQUESTA!".


Con el título de 'Mundo bolo', esta sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tiene periodicidad semanal y en ella tienen cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

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