domingo, 25 de septiembre de 2016

Mundo Bolo | Audicionando que es gerundio

Teatro María Guerrero (Centro Dramático Nacional)
Después de casi 20 años (y aclaro que empecé de muy niña, no se vaya a pensar la gente que una ya es mayor, que luego no te llaman ni para hacer de abuela) dejando currículos en los teatros nacionales sin resultados, por fin me convocan a mi primera audición para el Centro Dramático Nacional (al parecer necesitan líricas). En un rapto de inocencia (nadie me ha dicho todavía que los papeles ya están dados) me lanzo a leer la obra y decido que tengo que dejar de mandar fotos en las que salgo tan favorecida: sólo hay tres papeles femeninos y los tres para chicas jóvenes y monas (y una, aunque duela reconocerlo, ni una cosa ni otra). Me temo que en cuanto me vean (sobre todo considerando que este año he engordado dos bidones de Bio-Skip) se van a dar cuenta, con horror, de que convocarme ha sido un tremendo error.

Cómo es habitual en mí (siempre he sido un tanto ceniza), tres días antes de la prueba empiezo a toser como si estuviese interpretando a Violetta Valery en sus últimos estertores, con lo cual la noche anterior estoy totalmente muda. No cazallera, ni con la voz sensualmente ronca: muda. Escribo pidiendo aplazamiento y me citan un día más tarde, el último de las audiciones.

Después de un día y medio sobrealimentándome con miel y paracetamoles, yéndome a hacer gárgaras sin que nadie me mande, hora sí, hora también y practicando, en la medida de lo posible para alguien como yo (diarreica verbal) un casi absoluto reposo vocal, me voy a la audición, con voz de fumadora compulsiva pero por lo menos audible.

Empiezo con la prueba de canto en la que descubro, demasiado tarde, que es mejor no llevar una partitura de Strauss a un pianista que, aunque hace dos semanas que la tiene en su poder, la va a leer a primera vista. Nos torturamos mutuamente, el intentando comprender mi forma de medir por arrobas y yo intentando que su Schönberg suene a Strauss. Intento no mirar al director y a su ayudante para que sus previsibles caras de espanto no afecten a mi interpretación. ¡Lo logro!

A continuación, Lola Gaos rediviva (o sea yo) recita el poema de León Felipe y el fragmento de uno de los personajes masculinos de la obra (ya que va a ser imposible convencerles de que puedo hacer de chica mona, a lo mejor mi bigote y mi voz les sugieren que podría resultar bien en un papel de cortesano hormonado – y tiene que estarlo para usar la talla 100 de sujetador – ) que he elegido tras arduas deliberaciones conmigo misma. Sólo me quedo en blanco dos veces, lo cual considerando que, a estas alturas de la prueba me tiemblan hasta las pestañas, no es un mal record. Piadosamente el director me dice: “se adivina una voz interesante”.

Por fin me pregunta qué he preparado para el ejercicio de cuerpo. Empiezo a explicarles que he ido a casa de una amiga bailarina para que me aconseje y que ella me ha sugerido hacer ritmos sentada en una silla y sacarle partido a lo que hasta hace unos días era mi fuerte: la voz, profiriendo gritos guturales. Mientras se lo cuento y sin parar de hablar, me siento en una silla y procedo a demostrarles lo ridícula que resulto allí sentada moviéndome espasmódicamente y dando alaridos. Por alguna razón que desconozco, los tres se parten de risa.

El director, todavía inmerso en su momento de hilaridad, me dice que el ejercicio de movimiento ha terminado y, tras agradecerme haber sido la primera persona en hacerle reir en las pruebas, pide un descanso (me temo que le he dejado agotado) y se va. El pianista me sugiere que haga un monólogo con todo lo que les he contado y que escriba un libro que recoja mis experiencias y, puesto que he terminado mi lamentable demostración, y que la conversación no da para más, me voy.

Ya sólo me falta comprobar si en el Centro Dramático Nacional son de los que aplican el silencio administrativo a los no elegidos o de los que envían caritativa carta diciéndote que, aunque esta vez no ha podido ser ‘por el altísimo nivel de los audicionados’, esperan contar contigo en próximos proyectos.



Con el título de 'Mundo bolo', esta sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tiene periodicidad semanal y en ella tienen cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario