domingo, 14 de agosto de 2016

Mundo Bolo | Para esto hemos estudiado tanto

Foto: Ponte do Porco (página de la asociación de vecinos)
Ayer, gloriosa actuación en la misa de la fiesta de Ponte do Porco (A Coruña). La cosa no empezó bien: despues de trepar laboriosamente al palco de la música arremangándome la falda de concierto, para ensayar con el organista que me iba a acompañar (el teclista de la orquesta que amenizaba la sesión vermouth), descubrimos que la luz aún no estaba conectada, con lo cual ni su sintetizador ni mi micro funcionaban todavía: no hubo ensayo (no importa, siempre me ha gustado vivir peligrosamente).

La comisión de fiestas se afanaba para montar un altar con una mesa del bar y un mantel prestado por una vecina, pero el cura se negó a subirse al palco (tenía vértigo) con lo cual hubo que improvisar una plataforma abajo para él con unos palés de madera. Por fin parecía que íbamos a empezar, pero el párroco se dio cuenta de que se había olvidado de traer el cáliz, así que les pidió a los del chiringuito un vaso. A todos los presentes les pareció innoble celebrar la misa con uno de cubatas y alguien se fue corriendo al bar del pueblo a por una copa de cerveza, ponía Estrella de Galicia, pero sin duda era mucho más señorial.

La primera pieza - 'How beautiful' - la canté a capella (el teclista no se la sabía a pesar de que le había enviado las partituras 15 días antes, las otras tampoco, pero...) y sin acompañamiento quedaba tan extraña que tuve que improvisar una cadencia final quince compases antes de acabar, sé que Haendel me perdonará. El resto de la orquesta verbenera se agitaba a nuestro alrededor colocando los instrumentos para su actuación después de la misa y cuando acabaron se quedaron en el escenario, la cantante a mi lado con una minifalda de escándalo, abanicándose con fervor religioso con un abanico rosa fucsia (espero que alguien nos haya hecho una foto).

Cuando le di la señal al teclista para que atacase el Ave María, los nervios le hicieron accionar el botón de los ritmos, y empezó a sonar uno de salsa desbocado que el muchacho era incapaz de parar. Yo mantuve el tipo con dignidad a pesar de que tenía enfrente a toda una congregación que mezclaba caras de estupefacción, indignación y descojone (con perdón) a partes muy desiguales. Finalmente empezamos, y conseguí mantener seriedad y dignidad hasta que al fondo un coche empezó a tocar el claxón furiosamente y el cura dijo: "si es mi coche el que molesta lo apartamos" (era su coche). A partir de ahí el Ave fue cuesta abajo y tuve que pedir perdón en medio del ataque de risa compartido por una gran parte del público, mientras el coche seguía pitando y el teclista tocando un María que yo había terminado hacía tiempo.

La misa siguió entre piezas a capella, obras en las que el teclista y yo nos encontrábamos en algunas notas para que pareciera que íbamos juntos y cohetes que hacían que todos los bebés presentes nos hicieran los coros con sus lloros. Eso sí, cuando acabamos con el Canticorum todos los presentes irrumpieron en cálidos aplausos que reconocían, si no el resultado, por lo menos la buena intención (afortunadamente y por el bien de mis relaciones con el sacerdote, este año no hubo borracho en el chiringuito gritando "que se calle el cuervo, que cante la morena").

Foto: el palco de la fiesta (página de la asociación de vecinos)


Con el título de 'Mundo bolo', esta nueva sección de Diario Lírico, para la que solicita la colaboración de sus lectores, tendrá periodicidad semanal y en ella tendrán cabida, siempre con tono de humor, las experiencias vividas por cantantes e instrumentistas en audiciones y actuaciones. Los que deseen participar pueden enviar sus relatos al correo electrónico redaccion@diariolirico.es indicando si quieren firmar su colaboración o permanecer en el anonimato. Es posible adjuntar fotos para ilustrar la historia narrada.

1 comentario:

  1. Cuando no hay sensibilidad ni responsabilidad, suele pasar eso. Una faena, pero los has redactado tan hilarante que fué un placer leertel

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