martes, 14 de julio de 2015

El tenor canadiense Jon Vickers, 'la voz de Dios', fallece en Ontario a los 88 años

Foto: Jon Vickers (Royal Opera House)
El gran tenor canadiense Jon Vickers, que fue conocido como 'la voz de Dios' por su calidad vocal y su profunda fe religiosa, ha muerto este sábado 11 de julio en Ontario, a los 88 años, afectado desde hace años por el Alzheimer. Nacido el 29 de octubre de 1926, en Prince Albert, Saskatchewan, fue el sexto de ocho hijos, en una familia de músicos aficionados. Vickers, que cantaba en la iglesia de su padre, estudió en el Real Conservatorio Superior de Música de Toronto, aunque su idea inicial era dedicarse a la medicina. Hizo su debut en la Ópera Real de Londres en 1957. Un año más tarde participó en el festival de Bayreuth, en Alemania, convirtiéndose en uno de los intérpretes wagnerianos más importantes del mundo. Desde 1960 fue un habitual de la Ópera de Nueva York hasta que se retiró de los escenarios en 1988. A partir de la década de 1980 se dedicó a la enseñanza, siendo uno de sus alumnos más conocidos el también canadiense, Ben Heppner, que suele ser considerado su heredero por su parecido físico y por interpretar su mismo repertorio.

Foto: Florestan en Fidelio (colección privada de Brian Morgan)
Se casó dos veces: tras fallecer su primera mujer, Henrietta, en 1991, contrajo matrimonio en 1993 con Judith Stewart. Le sobreviven cinco hijos de su primer matrimonio, Allison, William, Jonathan, Kenneth y Wendy, 11 nietos y dos bisnietos. Entre sus papeles más emblemáticos se encuentran Tristán, Siegmund, Parsifal, Otello, Eneas o Peter Grimes. Sus principios religiosos le llevaron a negarse a cantar Tannhäuser porque ofendía sus convicciones cristianas. Defendía además que la ópera era mucho más que cantar y que el arte debe apelar al intelecto y no sólo a los sentidos.

Su familia ha publicado el siguiente comunicado: "Es con gran tristeza que anunciamos el fallecimiento de nuestro padre, Jon Vickers, después de una prolongada lucha con la enfermedad de Alzheimer. Le sobreviven una hermana, sus cinco hijos, 11 nietos y dos bisnietos. Su familia y sus amigos más queridos lo recuerdan por el sonido de su risa, su calidez y su espíritu generoso. Un hombre de la tierra, que se sentía en casa en su granja, rodeado de la naturaleza y de su familia, tuvo una búsqueda permanente de las verdades y las esencias de la vida".


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